CADA SEGUNDO CUENTA

Primeros relojes con indicación de segundos muertos e insólitos relojes de bolsillo con cronógrafo en el museo Audemars Piguet, 1875 - 1900

Los diálogos y discursos históricos a veces cambian de rumbo a medida que se hacen nuevos descubrimientos. Así ha sucedido, sin duda, en la historia de los relojes con cronógrafo en los últimos años. En 2012, Christie’s Ginebra vendió un dispositivo para medir el tiempo hecho por Louis Moinet alrededor de 1820, con funciones diferenciadas de arranque, parada y vuelta a cero que, según muchos expertos relojeros del mundo, sería el cronógrafo más antiguo que se conoce. Este dispositivo, que también tiene una frecuencia colosal de 30 Hz, fue creado como un instrumento de medición del tiempo de gran precisión para las observaciones astronómicas.

A principios del siglo XIX, los relojes, grandes o pequeños, ya habían tenido una larga historia inextricablemente vinculada a la observación científica y el progreso. Antes de la invención del cronógrafo, los relojes de precisión se creaban y utilizaban para medir y mostrar con exactitud el paso del tiempo, sobre todo en los ámbitos de la navegación, la observación astronómica y los reconocimientos. John Harrison y sus cronómetros marinos, modelos pioneros fabricados entre 1730 y 1760, ilustran esta relación y utilidad.

La producción y el uso de relojes con escapes de precisión y esferas con segunderos muertos ofrecidos por los principales fabricantes ingleses estaba en auge a finales del primer cuarto del siglo XVIII, época en la que se fabricaban relojes con segunderos muertos e indicadores saltantes de fracciones de un cuarto y un quinto de segundo. Estos dispositivos sin duda pueden considerarse los antepasados del cronógrafo, pues su propósito era medir y mostrar el tiempo transcurrido con la mayor precisión posible en contextos específicos.

A medida que avanzaba el siglo XIX y de manera ocasional, las funciones de los indicadores saltantes de las fracciones de segundo y, en menor grado, los segunderos muertos se incorporarían en los relojes con cronógrafo y complicaciones de cronógrafo con fracciones de segundo, entre otros ejemplos, los producidos por el célebre relojero Louis Audemars, tío abuelo de Jules Audemars, y por Audemars Piguet a partir de 1875.

ALREDEDOR DE 1875. RELOJ ESCUELA DE JULES LOUIS AUDEMARS (INV. 8)

Jules Louis Audemars realizó el Montre École (reloj escuela) en una época anterior a los orígenes de Audemars Piguet en 1875, y el reloj se transformó en los talleres durante las dos décadas siguientes. La pieza constituye una concluyente demostración de los excepcionales talentos del autor en relojería, incluso a una edad temprana. La complicada obra maestra combina un calendario perpetuo con un mecanismo de repetición de los cuartos e incluye la función independiente, y pocas veces vista, de los segunderos muertos. Los segundos muertos se muestran mediante una aguja central que se detiene claramente o marca un tic para indicar cada segundo, justo antes de saltar a la siguiente posición, es decir, salta 60 veces por minuto. En comparación, la mayoría de los relojes mecánicos tienen un segundero pequeño (es decir, un segundero subsidiario) o un segundero central que gira continuamente alrededor de la esfera.

El Montre École de Jules está alojado en una caja de oro rosa de 18 quilates y la esfera está hecha de esmalte blanco, con las horas en números romanos, una pista exterior para los segundos y divisiones cada 5 minutos en cifras arábigas, todo en color negro. El gran movimiento de 20 líneas de diámetro no requiere uno, sino dos muelles principales. Los segundos muertos consumen una cantidad tan grande de energía que necesitan un muelle y un tren de ruedas especiales para ellos.

VENDIDO EN 1889. RELOJ DE BOLSILLO CON CRONÓGRAFO DE RATRAPANTE Y SEGUNDERO SALTANTE (INV. 18)

Audemars Piguet elaboró la pieza Nº 3316, un reloj ejemplar en caja saboneta de oro amarillo de 18 quilates con movimiento de 19 líneas a mediados de la década de 1880. Además del mecanismo de ratrapante, el reloj también mide con precisión e indica claramente cada cuarto de segundo por medio de un marcador saltante, que aparece en una esfera subsidiaria a las 6. El mecanismo saltante de los cuartos de segundo da una vuelta completa por segundo, lo que permite que el usuario no solo cronometre al segundo, sino al cuarto de segundo exacto. La subesfera situada a las 12 horas es un contador de 30 minutos que mide el tiempo transcurrido en general de un evento o carrera que dura entre 1 y 30 minutos. En este momento de la historia, el cronógrafo con fracciones de segundos se utilizó ampliamente, sobre todo en las carreras de caballos.

Al igual que el reloj con segundero muerto, el marcador de fracciones de segundos saltante consume tal cantidad de energía que necesita su propio muelle especial.

Este tipo de relojes se conoce a veces como diablotine, un término francés que significa «diabólico», o foudroyante, que en francés significa «fuminante», debido a la increíble rapidez del movimiento de la aguja saltante.

VENDIDO EN 1890. CRONÓGRAFO DE BOLSILLO CON FRACCIONES DE SEGUNDO (INV. 25)

Producida a finales de la década de 1880 y vendida en 1890, la pieza Nº 3824 es una complicación doble, que ofrece a la vez un cronógrafo con ratrapante y una repetición de minutos. Es importante tener en cuenta que las complicaciones ocuparon el centro de atención de Audemars Piguet desde los orígenes de la empresa. Por ejemplo, entre 1882 y 1892, aproximadamente el 80 % de todos los relojes fabricados por Audemars Piguet incluía al menos una complicación.

Este reloj de oro rosa de 18 quilates presenta una esfera de esmalte blanco con estilizados números romanos negros. La minutería, en la pista exterior, es de color negro y las cifras arábigas de los segundos son rojas.

La característica insólita e importante de este reloj es que incluye un dispositivo de seguridad para las funciones de cronógrafo. El dispositivo aumenta la estabilidad del mecanismo, al reducir el retroceso y el movimiento no deseado en los engranajes y las agujas cuando el cronógrafo se activa por primera vez.

1899. RELOJ DE BOLSILLO CON CRONÓGRAFO CON CONTADOR CENTRAL INSTANTÁNEO DE MINUTOS (INV. 57)

Si bien la manera tradicional de calcular los minutos que han transcurrido desde que se activa un mecanismo de cronógrafo son las subesferas o los contadores, hay otras formas menos convencionales de hacerlo. La pieza N° 6225, producida en 1899, cuenta con un sistema poco habitual para indicar el tiempo transcurrido.

Tras una inspección más cuidadosa, se verá en realidad que hay cuatro agujas acopladas al eje central. Las dos primeras son las agujas de las horas y de los minutos. La tercera es la del cronógrafo. La cuarta aguja es la que cumple la función más interesante: registra cuántos minutos han transcurrido desde que se activó el cronógrafo, lo que permite al usuario contar fácilmente el tiempo de duración de un evento o carrera hasta 60 minutos. Este mecanismo se conoce como contador central instantáneo de minutos.

La esfera está hecha de esmalte blanco con números romanos. La pista exterior de segundos y las divisiones de 5 minutos en dígitos arábigos, todo ello de color negro.

La subesfera situada a las 6 horas indica los segundos. El movimiento es un gran calibre de 20 líneas y está alojado en una caja saboneta de oro amarillo de 18 quilates.

La aspiración de Audemars Piguet, de crear y manufacturar los relojes con cronógrafo más avanzados supone un esfuerzo continuo que se repite en toda la historia de la empresa. Todo comenzó con los relojes de bolsillo con cronógrafo que se remontan a los orígenes de la firma y siguió con los primeros relojes de pulsera con cronógrafo y pulsador único producidos por Audemars Piguet a principios de la década de 1930. A continuación llegaron los excepcionales relojes de pulsera con cronógrafo para colección realizados durante la mitad del siglo XX, los carismáticos cronógrafos automáticos de la década de 1980, la edición del Royal Oak Offshore («The Beast») en 1993 y los cronógrafos contemporáneos de alta relojería, meticulosamente manufacturados, del siglo XXI.