RELOJES CON CALENDARIO PERPETUO, UNA HISTORIA ININTERRUMPIDA

Desde su fundación, Audemars Piguet no ha cesado de producir relojes excepcionales con calendario perpetuo.

Uno de los relojes con calendario perpetuo más antiguos de los expuestos en el Museo Audemars Piguet se concibió antes incluso de la fundación de la empresa. Se trata de la primera versión del reloj escuela de Jules Louis Audemars, anterior a la fundación de Audemars Piguet en 1875. Posteriormente, y durante cerca de veinte años, lo transformó sin descanso. Este reloj de bolsillo de oro rosa de 18 quilates con complicaciones es una auténtica obra maestra, pues combina un mecanismo de repetición de cuartos con un segundero muerto independiente, una función insólita.

En las décadas de 1910 y 1920, Audemars Piguet empezó a producir relojes de bolsillo con calendario perpetuo estilizados, únicos en su género, que se distinguían de los modelos producidos por otras grandes marcas suizas. Los primeros relojes de pulsera con calendario perpetuo vieron la luz en el siglo XX. No obstante, estos modelos excepcionales no incluyen la indicación de los años bisiestos característica de los relojes de bolsillo, de los cuales tomaron su inspiración.

En 1955, Audemars Piguet comenzó la producción de su primera serie de relojes de pulsera con calendario perpetuo dotado de esta indicación esencial.

Este modelo, de gran rareza, fue producido únicamente en 9 ejemplares.

LA CRISIS DEL CUARZO

A finales de los años 1970, la crisis del cuarzo golpeó fuertemente a la industria relojera y acabó con muchas manufacturas tradicionales. Aquellas que lograron resistir tuvieron que reformar totalmente su proceso de fabricación y comercialización.

Audemars Piguet forma parte de los pocos relojeros suizos tradicionales que no solo lograron seguir fabricando obras maestras mecánicas, sino que además innovaron en este ámbito.

Una de las novedades más importantes de esa época es el reloj de pulsera automático con calendario perpetuo más plano del mundo, comercializado en 1978.

Desarrollado con el mayor secretismo, este reloj revolucionario extraplano (3,95 mm) palpita al ritmo del excepcional calibre 2120, lanzado en 1967.

Gracias al éxito de este nuevo calibre con calendario perpetuo, Audemars Piguet pudo atravesar esta crisis del cuarzo e incluso entrar en una era de crecimiento. En aquella época, solo dos marcas ofrecían relojes de pulsera con calendario perpetuo. El éxito de estos nuevos modelos marcó el renacimiento de la Manufactura, que se dedicó a la reinvención de muchas otras complicaciones clásicas. Durante las décadas de 1980, 1990 y 2000, Audemars Piguet presentó un gran abanico de relojes con calendario perpetuo que adoptaron distintos códigos estéticos, desde el Royal Oak y el Royal Oak Offshore hasta los modelos Jules Audemars y Tradición.

Una combinación potente

Lanzado en 2015, el Royal Oak Perpetual Calendar, que asocia maravillosamente estética moderna y prestigiosas complicaciones tradicionales, constituye el último capítulo de este periplo impresionante.

En 2015, el Royal Oak Perpetual Calendar vuelve a ser protagonista debido al lanzamiento de 4 versiones: dos modelos de acero y dos de oro rosa. El nuevo Royal Oak Perpetual Calendar exhibe un diámetro de 41 mm y conserva su extrema finura, manteniendo así el tamaño de caja lanzado en 2012.

La caja, de mayores dimensiones que la precedente, destaca el valor de la esfera con motivo Gran Tapicería, que también asegura un perfecto equilibrio y una óptima legibilidad de las indicaciones del calendario perpetuo. La esfera, por su parte, ofrece todas las indicaciones tradicionales en un modelo como este: día, fecha, meses, años bisiestos y fases de la luna astronómica (cuya estética es increíblemente realista). Además, ofrece una medida del tiempo suplementaria: las 52 semanas del año se hacen visibles sobre un realce exterior mediante una aguja central.

El nuevo calibre 5134 de carga automática se inspira ampliamente en su predecesor, el 2120, pero es más grande para ajustarse a la nueva caja de 41 mm. Su movimiento, de 4,31 mm de grosor y con meticulosos acabados, se puede admirar a través del fondo de cristal de zafiro con tratamiento antirreflectante.

Cuanto más fino es un movimiento, más complejos son su ensamblado y su ajuste. De hecho, algunos componentes son apenas más gruesos que un cabello y su manipulación y ensamblado requiere de una minuciosidad extrema. A pesar de esta dificultad, todos los acabados están realizados a mano respetando los más estrictos criterios de la alta relojería.

El barrilete suspendido, que permite una gran finura, está ornamentado con Côtes de Genève, mientras que las ruedas están cercladas.

La platina está perlada, mientras que todos los puentes están achaflanados y decorados con Côtes de Genève. Los flancos están satinados y todos los ángulos están pulidos.

La masa oscilante monobloque de oro de 22 quilates lleva grabada la inscripción «Audemars Piguet» y su segmento externo está ornamentado con un motivo «Grande Tapisserie» evocador del motivo emblemático de las esferas del Royal Oak.