Horas
de otros tiempos

Aunque el misterio del tiempo continúe siendo insondable, la relojería intenta capturarlo en una representación a la vez práctica, estética y fantasiosa. En el secreto de sus talleres, espíritus creativos imaginan sin cesar nuevas soluciones para mejorar los mecanismos en la aspiración de acercarlos a la precisión y el deseo último. Una búsqueda del Santo Grial en las fronteras de lo posible que traza un vínculo directo con la ciencia ficción. Cuando Audemars Piguet se alía con La Maison d’Ailleurs, un museo suizo dedicado a la cultura popular, entra en juego la verdadera diversión.

Si el espacio-tiempo sigue siendo un concepto nebuloso reservado a los físicos, el tiempo del espacio nos resulta mucho más familiar. Los personajes inventados en el siglo XIX por Julio Verne y los superhéroes de los cómics de los años 30 nos han acostumbrado a vivir en los confines de lo real. Este equilibrio improbable, con un pie en el presente y la materialidad, y el otro en el futuro y la imaginación, tiene un nombre: ciencia ficción.

¿De qué se trata? Según el diccionario, la ciencia ficción es un género literario y cinematográfico que describe un estado futuro del mundo que extrapola los datos de la tecnología. Es un arte de la exageración que conviene no confundir con el género fantástico, ya que este segundo añade lo sobrenatural al encuadre realista de una narración. Si no fuese por William Wilson, quizás hoy en día aún hablaríamos de novela científica, como hace casi 200 años. En 1851, este autor inglés utilizó por primera vez el concepto de ciencia ficción en un ensayo titulado A Little Earnest Book Upon a Great Old Subject.

Lanzada en abril de 1926 por Hugo Gernsback, Amazing Stories es la primera revista americana consagrada en exclusiva a los relatos de ciencia ficción. Como precursora del género y antecesora de los libros de cómics, Amazing Stories populariza las revistas «pulp», unas ediciones económicas que cosecharon un gran éxito en la primera mitad del siglo XX.

Colección La Maison d’Ailleurs

Cómics, pósteres, carteles de película, estatuillas, maquetas de platillos volantes, un batmóvil, una pistola láser…
que pudiesen entablar un «diálogo» con algunos de los relojes pertenecientes al patrimonio de Audemars Piguet.

Sin embargo, fue con la publicación de De la Tierra a la Luna en 1865 y La máquina del tiempo en 1895 cuando Julio Verne primero y H. G. Wells después tendieron un puente entre la ciencia y la ficción. En la novela del autor británico, los héroes y antihéroes llamados Eloi y Morlocks ya entablaban un combate entre el bien y el mal. Hoy en día estas figuras reciben nombres como Iron Man, Capitán América, Hulk, Spiderman, Deadpool, Lobezno, Daredevil o Pantera Negra. Estos personajes del universo Marvel expresan una mayor complejidad. Mitad ángeles mitad demonios, cada uno de ellos comienza su vida en la piel de un humano antes de adquirir un superpoder determinado a raíz de un experimento científico o un simple accidente. Tras la estela de Superman, aparecido en 1938, todos estos mutantes entraron en la cultura pop durante los años 60: cumplían mil fantasías humanas, como volar, desafiar la gravedad, poseer una fuerza sobrehumana, ser capaces de transformarse en gigantes o criaturas microscópicas, gozar del don de la autocuración o disponer de sentidos extremadamente aguzados.

En ocasiones, estas facultades estaban vinculadas a elementos exteriores, con frecuencia minerales imaginarios como la cavorita (que crea una ingravidez artificial, según la pluma de H. G. Wells), la kryptonita (que devuelve a Superman a la condición de simple mortal) o el vibranium (que absorbe las vibraciones para exponer un escudo infranqueable).

Los talentos extremos y los materiales enigmáticos constituyen pues los principales ingredientes de la ciencia ficción. ¿Acaso también se encuentran presentes en la relojería? No será Doctor Strange quien afirme lo contrario: este superhéroe de Marvel con una especial predilección por la magia y miembro de los Vengadores es capaz de manipular el tiempo a su antojo. De ahí a situar Le Brassus junto a los planetas Venus y Urano o la estrella Sirio solo hay un paso, que Audemars Piguet y La Maison d’Ailleurs han decidido dar juntos. 

Inspirado en la ciencia ficción y el desarrollo de la televisión durante los gloriosos años treinta, este modelo 5451 «Screen Shape» extrafino (calibre 2003) de oro blanco de 1974 reproduce la forma de los televisores y las pantallas de control imprescindibles en toda nave espacial o ingenio volador futurista que se precie. Pistola «L’Atomic Interplanétaire» de metal (1977) con caja de cartón (Le Havre, Debrez Frères-Comines).

Colección La Maison d’Ailleurs

Este establecimiento de nombre evocador situado en Yverdon-les-Bains, a 50 km de vuelo en ovni y solo una hora por carretera de la Manufactura, es un museo dedicado a la ciencia ficción, la utopía y los viajes extraordinarios, el único de este tipo que existe en Europa. «Cuando recibimos la idea del proyecto de Audemars Piguet, su concepto nos sedujo», explica Marc Atallah, director de La Maison d’Ailleurs. De entre los cerca de 130.000 objetos de toda clase que aloja el centro, Atallah seleccionó una veintena de elementos simbólicos: cómics, pósteres, carteles de película, estatuillas, maquetas de platillos volantes, un batmóvil, una pistola láser… que pudiesen entablar un «diálogo» con algunos de los relojes pertenecientes al patrimonio de Audemars Piguet. 

Una forma muy creativa de integrar media docena de relojes en su entorno vanguardista. «De la arquitectura a la industria del transporte, pasando por la producción de juguetes, la ciencia ficción inspira nuestras sociedades modernas. Desde 1925, Audemars Piguet se nutre de este universo para alumbrar relojes excepcionales», destaca Dave Grandjean, comisario adjunto de la exposición itinerante «Power Stone» que podrá contemplarse en una serie de boutiques y AP Houses a partir de la primavera de 2021.

Las obras de este periodo han puesto rostro a la modernidad
y, en ocasiones, incluso anticipado el progreso.

Alentada por los relatos de ciencia ficción de los años 60, la conquista espacial cautiva la imaginación de los más jóvenes y se traduce en la fabricación de juguetes como este platillo volante «Space Explorer Ship X7» de hierro blanco, fabricado en Japón por la empresa Masudaya. Como contrapunto, este reloj Audemars Piguet de 1963 adopta la forma de un platillo volante, con un cristal ligeramente abombado al estilo de la cabina de una nave espacial. La integración del brazalete bajo el bisel refuerza su depurado diseño.

Colección La Maison d’Ailleurs

En un guiño llamado a reforzar el vínculo existente entre ciencia ficción y relojería, no duda en llamar la atención sobre los mitos fundacionales del vibranium. Este material, vinculado a Pantera Negra y Capitán América, se emparenta con la roca ferruginosa de las montañas del Jura suizo que ha propiciado el desarrollo de la metalurgia y el saber hacer relojero de La Vallée de Joux. Para Sébastian Vivas, director de Patrimonio y Museo de Audemars Piguet, es indudable que las revoluciones artísticas y tecnológicas de finales del siglo XIX han favorecido un sentimiento de fe en la modernidad. Impulsados por estos avances, los mundos del arte y la industria han desarrollado una nueva estética. Del futurismo al estilo Streamline y el Art Déco, las obras de este periodo han puesto rostro a la modernidad y, en ocasiones, incluso anticipado el progreso. El ejemplo perfecto es un reloj de bolsillo Audemars Piguet creado en 1931. Sus líneas depuradas recuerdan la aerodinámica característica del movimiento Streamline, mientras que sus grandes superficies metálicas y su indicación digital sin agujas denominada «horas saltantes» prefiguran, con cuatro décadas de antelación, el aspecto de los relojes de cristal líquido comercializados en los años 70. Además, aquel periodo era un momento especialmente propicio para el desarrollo de la ciencia ficción, con los primeros pasos de la aventura espacial de la humanidad. Durante los años 50, la conquista del espacio inauguró una nueva edad de oro para los cómics y las revistas «pulp» (ediciones económicas de textos en serie) en torno a la ciencia ficción, que ampliaron los confines conocidos hasta el infinito interestelar. Los planetas lejanos, las criaturas extraterrestres y las naves espaciales cosecharon una gran popularidad, quedaron grabados en el imaginario colectivo y sirvieron de fuente de inspiración para otros muchos ámbitos.

Mientras Yuri Gagarin realizaba el primer vuelo espacial en 1961 o Armstrong y Buzz Aldrin caminaban sobre la Luna en 1969, los héroes del cómic viajaban al corazón del infinito, se encontraban con hombrecillos verdes y se cruzaban con ovnis. En la Tierra, los diseñadores aprovecharon la fiebre por la ciencia ficción para crear multitud de objetos de formas evocadoras. Algunas de estas creaciones figuran hoy en las exposiciones de La Maison d’Ailleurs o entre las colecciones conservadas por Audemars Piguet. Tal es el caso del modelo 5200, un reloj realizado en 1963 con una silueta a modo de platillo volante.

En los años 70, mientras las pantallas de televisión invadían los hogares de Occidente, el entusiasmo por la exploración espacial seguía inspirando a los diseñadores. Por ejemplo, en 1974 nació en los talleres de Le Brassus el modelo 5451, cuya caja retoma la forma característica de los televisores y las pantallas de control imprescindibles en el equipamiento de cualquier base espacial o artilugio volador futurista. En la misma línea de conjugar futuro y presente, otros relojes se han integrado en el universo de los superhéroes cinematográficos, como el Royal Oak Offshore Survivor de 2008. 

La Bohn Aluminium and Brass Corporation, una empresa estadounidense creada en 1924, era conocida por sus anuncios (en la imagen, una publicidad en papel de 1943) que ilustraban su saber hacer en ambientes futuristas. Datado de 1931, el reloj de bolsillo «Streamline» de oro blanco (repetición de minutos, calendario y horas saltantes, con el calibre 18SMV#2) luce asimismo una estética decididamente moderna, con un diseño depurado y aerodinámico en línea con el estilo Streamline desarrollado a finales del período Art Déco.

Colección La Maison d’Ailleurs

Con las innovaciones ligadas a la exploración extraplanetaria,
a la relojería le basta con tomar prestadas de las naves espaciales determinados materiales.

En 2003, en Terminator 3: La rebelión de las máquinas, Arnold Schwarzenegger exhibe el cronógrafo Royal Oak Offshore T3 de titanio, creado en colaboración con el actor y caracterizado por unas dimensiones extraordinarias (48 mm de diámetro) e innovadoras para la época. En la imagen, aparece en la muñeca de una estatua de tamaño natural del robot T-800 (Endoskeleton Versión 2.0, Sideshow Collectibles) de la película Terminator 2: El juicio final de 1991.

Negro, anguloso, robusto, ligero, equipado con múltiples protecciones y una corona en forma de cañón de arma de fuego… ¡Si Batman llevase un reloj, sin duda alguna sería este! Hoy, la relojería ya no necesita embajadores de ficción con poderes extraterrestres. Con las innovaciones ligadas a la exploración extraplanetaria, le basta con tomar prestadas de las naves espaciales determinados materiales. De esta forma, en 2002 se produce el primer Royal Oak Concept hecho de alacrita, una aleación a base de cobalto empleada en el sector aeroespacial. Pero no por eso hay que pensar que, desde los años 50, los ingenieros y diseñadores han sido los únicos en subirse a la ola de la ciencia ficción. Los relojeros también reivindican sus propios superpoderes, incluso bastante más antiguos, como medir periodos infinitamente breves dividiendo los segundos por cuatro o cinco: es el caso de los cronógrafos con segundero fulminante.

O lograr una precisión en las fronteras de lo posible, desafiando las leyes de la gravedad: esa es la misión del tourbillon. O incluso mostrar al mismo tiempo la hora en varios lugares del mundo: los relojes GMT cumplen esta función. ¿Y si la potencia y el futurismo de los modelos Royal Oak Concept y los secretos de la exposición «Power Stone» tuvieran algo que ver con los secretos de la roca ferruginosa de las montañas suizas? Quizás la verdad se esconda justo ahí. O en otra parte.

- Por Hervé Gallet