Quayola, artista visual
3 de marzo de 2012

La perfección absoluta es inalcanzable

Para el artista Davide Quayola, la maestría absoluta es un estado muy difícil de alcanzar, pero intentar mejorar constantemente en el propio oficio es la mejor manera de evolucionar.

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En la obra de Quayola, lo más importante es la exploración de la relación entre lo real y lo artificial, entre lo abstracto y lo figurativo, entre lo antiguo y lo nuevo. Para conseguirlo, este artista de 29 años establecido en Londres utiliza la fotografía, la escultura digital, las instalaciones audiovisuales de inmersión y las performances.

¿Qué significan las nociones de control y de aspiración a la excelencia para usted como artista?
Para mí, el Arte consiste en la excelencia. Me interesan el estudio, la manipulación y la reinterpretación del mundo que nos rodea y, en concreto, me centro en iconos de perfección. Las nociones de control y excelencia son elementos vitales de mi trabajo. Intento entender en profundidad mis temas, descifrar las normas que definen sus características visuales y espaciales. A continuación, parto de esas reglas para reensamblarlos.

¿Cree que alguna vez alcanzará la maestría absoluta?
Pienso que es imposible alcanzar la maestría total o la perfección absoluta. Me gusta la idea de intentar mejorar constantemente: no alcanzar nunca el pináculo de la excelencia es una buena manera de evolucionar. 

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¿En su obra a veces juega con códigos? Y, si es así, ¿cómo?
Es difícil identificar códigos y normas en procesos basados en las nuevas tecnologías. Me fascina el arte clásico, es una de mis principales referencias y fuentes de inspiración. Intento observar obras de arte emblemáticas clásicas desde ángulos distintos para descontextualizarlas. Me interesan las reglas que se esconden detrás de sus características visuales: sus colores, sus proporciones y su composición. Creo que hay algo universal en esas reglas. Me fascina la exploración de las colisiones inesperadas con el lenguaje y la estética contemporáneos.

¿Le inspira el mundo de la relojería?
Cuando Audemars Piguet se puso en contacto conmigo para este proyecto, no sabía mucho sobre relojería. Al ir conociendo mejor los procesos de ese campo, quedé hechizado por la historia, la habilidad y los valores de la relojería. El nivel de precisión y complejidad es increíble. No se trata de lujo, sino de pura perfección. En mi obra intento crear objetos de contemplación y creo que la relojería tiene un espíritu parecido.

Más información sobre el 40º aniversario en la sección correspondiente.