Retrato de una maestra relojera especializada en las complicaciones
Solo un puñado de maestros relojeros son capaces de realizar las grandes complicaciones de Audemars Piguet. Sin embargo, para entrar en este selecto club, la edad no es un factor determinante: entre los integrantes del equipo está Joëlle Farine, de 33 años de edad.
"Desde que empecé mi carrera en Audemars Piguet quería hacer grandes complicaciones, pero la gente me decía que tenía que tener paciencia e ir subiendo peldaño a peldaño", cuenta sonriente Joëlle Farine, de 33 años, cuyos comienzos en la manufactura se remontan a 1997, año en que finalizó su aprendizaje como maestra relojera. Esta joven vivaz consiguió su objetivo en un tiempo récord: tras pasar unos meses ensamblando movimientos de relojes, entró a formar parte del prestigioso taller de especialistas relojeros, donde se familiarizó con el calendario perpetuo y la ecuación del tiempo.
"Cuando entendí cómo funcionaban esas complicaciones, empece a aburrirme y, en busca de nuevos retos, el verano pasado entré en el taller de grandes complicaciones", recuerda alegre. Enseguida se dio cuenta de que la complejidad de su trabajo como maestra relojera había aumentado considerablemente. En esta sala llena de luz, diez virtuosos maestros relojeros crean los relojes de la Manufactura siguiendo la más pura tradición artesanal. "Las piezas me llegan sin terminar y yo tengo que biselarlas con una lima, remachar los soportes y engastar las joyas, todo ello sin utilizar ninguna máquina. Todo se hace a mano, siguiendo las instrucciones consignadas en una gran carpeta".
En unos meses terminará su primer reloj, pero aún no sabe de qué modelo se tratará. Joëlle apuesta por que será un Jules Audemars, pero tendrá que esperar a recibir la caja y la pulsera para comprobar su intuición. "La tradición es que, el día que terminas tu primer reloj, tienes que traer bocadillos para todo el taller para el café de las 9. ¡No podré escabullirme!", predice la joven maestra relojera. Joëlle no cree que su rutina cotidiana sea monótona, porque siempre está aprendiendo a manipular nuevas piezas y complicaciones. Sin embargo, no considera su trabajo actual como el definitivo. En 10 años, le gustaría estar dirigiendo un taller...¿y por qué no la prestigiosa sala de especialidades relojeras?
